Blojo Reloaded

El blog de Jo

Posted by Jo | febrero - 19 - 2010 | 18 Comments

Desde diversos colectivos pastorales, de juventud y parroquias de la Iglesia de Bizkaia se está promoviendo una iniciativa llamada “Ya es la hora / Ba da garaia” para recoger firmas de apoyo a este texto, para que esta carta se convierta en una iniciativa real y transformadora de la Iglesia Católica. Os recomiendo su lectura porque es un análisis completo y aunque demoledor, es sus líneas podemos encontrar propuestas, soluciones y esperanza.

Os dejo aquí los enlaces a la carta de la iniciativa en euskera y castellano:

Cómo firmar esta iniciativa:

  1. Envía un correo electrónico a esta dirección badagaraia@gmail.com indicando: Nombre, DNI, referencia eclesial, localidad, email o forma de contacto y edad (si lo deseas).
  2. También puedes recoger firmas en tu entorno y enviar a la misma cuenta de correo los datos recogidos.
  3. También puedes enviar tus datos a este número de teléfono: 658 736 795

Santo Padre:

Me atrevo a dirigirme directamente a Usted, pues mi corazón sangra al ver el abismo en el que se está precipitando nuestra Iglesia. Sabrá disculpar mi franqueza filial, inspirada a la vez por “la libertad de los hijos de Dios” a la que nos invita San Pablo, y por mi amor apasionado por la Iglesia.

Le agradeceré también sepa disculpar el tono alarmista de esta carta, pues creo que “son menos cinco” y que la situación no puede esperar más.

Permítame en primer lugar presentarme. Jesuita egipciolibanés de rito melquita, pronto cumpliré 78 años. Desde hace tres años soy rector del colegio de los jesuitas en El Cairo, tras haber desempeñado los siguientes cargos: superior de los jesuitas en Alejandría, superior regional de los jesuitas de Egipto, profesor de teología en El Cairo, director de Caritas-Egipto y vicepresidente de Caritas Internationalis para Oriente Medio y África del Norte.

Conozco muy bien a la jerarquía católica de Egipto por haber participado durante muchos años en sus reuniones como Presidente de los superiores religiosos de institutos en Egipto. Tengo relaciones muy cercanas con cada uno de ellos, algunos de los cuales son antiguos alumnos míos. Por otra parte, conozco personalmente al Papa Chenouda III, al que veía con frecuencia. En cuanto a la jerarquía católica de Europa, tuve ocasión de encontrarme personalmente muchas veces con alguno de sus miembros, como el cardenal Koening, el cardenal Schönborn, el cardenal Martini, el cardenal Daneels, el Arzobispo Kothgasser, los obispos diocesanos Kapellari y Küng, los demás obispos austríacos y otros obispos de otros países europeos. Estos encuentros se producen con ocasión de mis viajes anuales para dar conferencias por Europa: Austria, Alemania, Suiza, Hungría, Francia Bélgica… En estos recorridos me dirijo a auditorios muy diversos y a los media (periódicos, radios, televisiones…). Lo mismo hago en Egipto y en Oriente Próximo.

He visitado unos cincuenta países en los cuatro continentes y he publicado unos treinta libros en unas quince lenguas, sobre todo en francés, árabe, húngaro y alemán. De los trece libros en esta lengua, quizá haya leído Usted “Gottessöhne, Gottestöchter” [Hijos, hijas de Dios], que le hizo llegar su amigo el P. Erich Fink de Baviera.

No digo esto para presumir, sino para decirle sencillamente que mis intenciones se fundan en un conocimiento real de la Iglesia universal y de su situación actual, en 2009.

Vuelvo al motivo de esta carta, intentaré ser lo más breve, claro y objetivo posible. En primer lugar, unas cuantas constataciones (la lista no es exhaustiva):

1. La práctica religiosa está en constante declive. Un número cada vez más reducido de personas de la tercera edad, que desaparecerán enseguida, son las que frecuentan las iglesias de Europa y de Canadá. No quedará más remedio que cerrar dichas iglesias o transformarlas en museos, en mezquitas, en clubs o en bibliotecas municipales, como ya se hace. Lo que me sorprende es que muchas de ellas están siendo completamente renovadas y modernizadas mediante grandes gastos con idea de atraer a los fieles. Pero no es esto lo que frenará el éxodo.

2. Seminarios y noviciados se vacían al mismo ritmo, y las vocaciones caen en picado. El futuro es más bien sombrío y uno se pregunta quién tomará el relevo. Cada vez más parroquias europeas están a cargo de sacerdotes de Asia o de África.

3. Muchos sacerdotes abandonan el sacerdocio y los pocos que lo ejercen aún -cuya edad media sobrepasa a menudo la de la jubilación- tienen que encargarse de muchas parroquias, de modo expeditivo y administrativo. Muchos de ellos, tanto en Europa como en el Tercer Mundo, viven en concubinato a la vista de sus fieles, que normalmente los aceptan, y de su obispo, que no puede aceptarlo, pero teniendo en cuenta la escasez de sacerdotes.

4. El lenguaje de la Iglesia es obsoleto, anacrónico, aburrido, repetitivo, moralizante, totalmente inadaptado a nuestra época. No se trata en absoluto de acomodarse ni de hacer demagogia, pues el mensaje del Evangelio debe presentarse en toda su crudeza y exigencia. Se necesitaría más bien proceder a esa “nueva evangelización” a la que nos invitaba Juan Pablo II. Pero ésta, a diferencia de lo que muchos piensan, no consiste en absoluto en repetir la antigua, que ya no dice nada, sino en innovar, inventar un nuevo lenguaje que exprese la fe de modo apropiado y que tenga significado para el hombre de hoy.

5. Esto no podrá hacerse más que mediante una renovación en profundidad de la teología y de la catequética, que deberían repensarse y reformularse totalmente. Un sacerdote y religioso alemán que encontré recientemente me decía que la palabra “mística” no estaba mencionada ni una sola vez en “El nuevo Catecismo”. No lo podía creer. Hemos de constatar que nuestra fe es muy cerebral, abstracta, dogmática y se dirige muy poco al corazón y al cuerpo.

6. En consecuencia, un gran número de cristianos se vuelven hacia las religiones de Asia, las sectas, la new-age, las iglesias evangélicas, el ocultismo, etcétera. No es de extrañar. Van a buscar en otra parte el alimento que no encuentran en casa, tienen la impresión de que les damos piedras como si fuera pan. La fe cristiana que en otro tiempo otorgaba sentido a la vida de la gente, resulta para ellos hoy un enigma, restos de un pasado acabado.

7. En el plano moral y ético, los dictámenes del Magisterio, repetidos a la saciedad, sobre el matrimonio, la contracepción, el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el matrimonio de los sacerdotes, los divorciados vueltos a casar, etcétera, no afectan ya a nadie y sólo producen dejadez e indiferencia. Todos estos problemas morales y pastorales merecen algo más que declaraciones categóricas. Necesitan un tratamiento pastoral, sociológico, psicológico, humano… en una línea más evangélica.

8. La Iglesia católica, que ha sido la gran educadora de Europa durante siglos, parece olvidar que esta Europa ha llegado a la madurez. Nuestra Europa adulta no quiere ser tratada como menor de edad. El estilo paternalista de una Iglesia “Mater et Magistra” está definitivamente desfasado y ya no sirve hoy. Los cristianos han aprendido a pensar por sí mismos y no están dispuestos a tragarse cualquier cosa.

9. Las naciones más católicas de antes -Francia, “primogénita de la Iglesia” o el Canadá francés ultracatólico- han dado un giro de 180º y han caído en el ateísmo, el anticlericalismo, el agnosticismo, la indiferencia. En el caso de otras naciones europeas, el proceso está en marcha. Se puede constatar que cuanto más dominado y protegido por la Iglesia ha estado un pueblo en el pasado, más fuerte es la reacción contra ella.

10. El diálogo con las demás iglesias y religiones está en preocupante retroceso hoy. Los grandes progresos realizados desde hace medio siglo están en entredicho en este momento.

Frente a esta constatación casi demoledora, la reacción de la iglesia es doble:

- Tiende a minimizar la gravedad de la situación y a consolarse constatando cierto repunte en su facción más tradicional y en los países del tercer mundo.

- Apela a la confianza en el Señor, que la ha sostenido durante veinte siglos y será muy capaz de ayudarla a superar esta nueva crisis, como lo ha hecho con las precedentes. ¿Acaso no tiene promesas de vida eterna?

A esto respondo:

- No es apoyándose en el pasado ni recogiendo sus migajas como se resolverán los problemas de hoy y de mañana.

- La aparente vitalidad de las Iglesias del tercer mundo es equívoca. Según parece, estas nuevas Iglesias atravesarán pronto o tarde por las mismas crisis que ha conocido la vieja cristiandad europea.

- La Modernidad es irreversible y por haberlo olvidado es por lo que la Iglesia se encuentra hoy en semejante crisis. El Vaticano II intentó recuperar cuatro siglos de retraso, pero se tiene la impresión que la Iglesia está cerrando lentamente las puertas que se abrieron entonces, y tentada de volverse hacia Trento y Vaticano I, más que hacia Vaticano III. Recordemos la declaración de Juan Pablo II tantas veces repetida: “No hay alternativa al Vaticano II”.

- ¿Hasta cuándo seguiremos jugando a la política del avestruz y a esconder la cabeza en la arena? ¿Hasta cuándo evitaremos mirar las cosas de frente? ¿Hasta cuándo seguiremos dando la espalda, crispándonos contra toda crítica, en lugar de ver ahí una oportunidad de renovación? ¿Hasta cuándo continuaremos posponiendo ad calendas graecas una reforma que se impone y que se ha abandonado demasiado tiempo?

- Sólo mirando decididamente hacia delante y no hacia atrás la Iglesia cumplirá su misión de ser “luz del mundo, sal de la tierra, levadura en la pasta”. Sin embargo, o que constatamos desgraciadamente hoy es que la Iglesia está en la cola de nuestra época, después de haber sido la locomotora durante siglos.

- Repito lo que decía al principio de esta carta: “¡SON MENOS CINCO!” -¡fünf vor zwölf!- La Historia no espera, sobre todo en nuestra época, en que el ritmo se embala y se acelera?

- Toda operación comercial que constata un déficit o disfunción se reconsidera inmediatamente, se reúne a expertos, intenta recuperarse, se movilizan todas sus energías para superar la crisis.

- ¿Por qué la Iglesia no hace otro tanto? ¿Por qué no moviliza a todas sus fuerzas vivas para un aggiornamento radical? ¿Por qué?

- ¿Por pereza, dejadez, orgullo, falta de imaginación, de creatividad, quietismo culpable, en la esperanza de que el Señor se las arreglará y que la Iglesia ha conocido otras crisis en el pasado?

- Cristo, en el Evangelio, nos pone en guardia: “Los hijos de las tinieblas gestionan mucho mejor sus asuntos que los hijos de la luz…”

ENTONCES, QUÉ HACER?… La Iglesia tiene hoy una necesidad imperiosa y urgente de una TRIPLE REFORMA:

1. Una reforma teológica y catequética para repensar la fe y reformularla de modo coherente para nuestros contemporáneos.

Una fe que ya no significa nada, que no da sentido a la existencia, no es más que un adorno, una superestructura inútil que cae de sí misma. Es el caso actual.

2. Una reforma pastoral para repensar de cabo a rabo las estructuras heredadas del pasado.

3. Una reforma espiritual para revitalizar la mística y repensar los sacramentos con vistas a darles una dimensión existencial, a articularlos con la vida.

Tendría mucho que decir sobre esto. La Iglesia de hoy es demasiado formal, demasiado formalista. Se tiene la impresión de que la institución asfixia el carisma y que lo que finalmente cuenta es una estabilidad puramente exterior, una honestidad superficial, cierta fachada. ¿No corremos el riesgo de que un día Jesús nos trate de “sepulcros blanqueados”?

Para terminar, sugiero la convocatoria de un sínodo general a nivel de la iglesia universal, en el que participaran todos los cristianos -católicos y otros- para examinar con toda franqueza y claridad los puntos señalados más arriba y los que se propusieran. Tal sínodo, que duraría tres años, se terminaría con una asamblea general -evitemos el término “concilio”- que sintetizara los resultados de esta investigación y sacara de ahí las conclusiones.

Termino, Santo Padre, pidiéndole perdón por mi franqueza y audacia y solicito vuestra paternal bendición. Permítame también decirle que vivo estos días en su compañía, gracias a su extraordinario libro “Jesús de Nazareth”, que es objeto de mi lectura espiritual y de meditación cotidiana.

Suyo afectísimo en el Señor,
Henri Boulad

Pincha aquí para descargar la carta en PDF.

18 Responses so far.

  1. Perecos dice:

    Yo quiero dar mi punto de vista en este asunto. No soy ningún estudioso para sacar estadísticas, pero no estoy de acuerdo con el punto 6. Una gran parte de los católicos que se pierden es por que se vuelven ateos en lugar de cambiar de religión. Y en mi humilde opinión esto es así por que cada vez hay más acceso a la cultura y la información. Está demostrado que a mayor nivel cultural de un país, mayor numero de ateos.
    Esta ingente información, accesible a todo el mundo hace que la gente no tenga que acudir a explicaciones sobrenaturales para explicar las cosas ni para dar un “sentido” a su vida.
    Todo ello, conlleva que la gente ya no se crea todas vuestras mentiras, que no tienen ningún fundamento. Adicionalmente, muchos estamos cansados de que la iglesia se meta siempre donde no le llaman, quien vive con quien, con quien se acuesta quien, lo que hacen en la cama etc, etc, etc. Por no decir de la imposición de sus dogmas al resto de la sociedad. Finalmente la hipocresía de predicar una cosa y hacer la contraria tampoco ayuda a que sea bien vista en la sociedad.
    Como he dicho, este es mi punto de vista, desde el otro lado de la barrera, que, aunque no creo, igual os sirve para aportar algo al debate.

  2. Jo dice:

    Deberías de darte cuenta de que esto es una iniciativa de la gente de la Iglesia para mejorar la Iglesia. Sin conocer la Iglesia y creyendo que todo lo que dice son mentiras, como afirmas, te pediría que te abstuvieras de opinar sobre esta cuestión. Igual que yo no opino como debería mejorar una organización a la que no pertenezco ni conozco. Un día de estos me gustaría que me explicaras cual es para ti el sentido de la vida, ya que con tanto rencor ridiculizas las creencias y los valores de todos los demás.

  3. Perecos dice:

    ¿Por que tiene que tener un sentido la vida? ¿Por que es indispensable que la vida tenga sentido? No hace falta un sentido metafisico para la vida, ni para vivirla.

  4. Jo dice:

    Supongo que no es indispensable que la vida tenga sentido. Supongo que no tiene por qué tenerlo. Yo, particularmente, creo que lo tiene. Y lo que veo en el mundo que conozco es que cada día hay menos gente que cree que la vida tiene sentido. Eso es triste. Pero lo que es más triste es que cada día hay más gente que deja de buscarlo, que deja de plantearselo, que deja de dudar y que deja de pensar.
    Es cómo dejar de buscar la solución a un acertijo simplemente porque es demasiado difícil. Y en esta situación siempre aparecen los tontos que como no pueden llegar a ninguna respuesta se convencen de que no la tiene y se ríen de aquellos que siguen buscándola.

  5. Perecos dice:

    Yo opino lo contrario. Para mi es motivo de alegría que la gente se deje de preocupar en buscar un sentido a la vida, y se dedique más a disfrutar de ella. Me parece muy bien que para ti la vida tenga sentido con dios, pero deja a los demás en paz y no te sientas triste por ellos. Para mi es bueno que la gente dude de dios y empece a pensar por si mismo, y de que no hace falta ningún dios para ser feliz ni para tener un sentido a la vida.
    Por otra parte,lo de dejar de buscar la solución es lo que hace la religión. En lugar de buscar una explicación racional a lo que pasa en este mundo, lo que hace es pasarle la responsabilidad a dios. Como no sabemos como funciona el universo, el atajo más corto es decir que lo ha creado dios. Lo malo es que esos tontos se creen en posesión de la verdad y la intentan imponer a los demás.

  6. Jo dice:

    Me encanta como siempre contestas a lo que digo sin contestar a nada de lo que digo. Sólo por puntualizar, NADIE ha hablado de Dios excepto tú.

  7. Perecos dice:

    Bueno, si la iglesia no habla de dios, ¿de quien habla?. ¿Como se puede contestar a lo que dices sin contestar a nada de lo que dices? No tiene sentido para mi.

  8. Jo dice:

    Eso me pregunto yo, pero se puede, se puede.

  9. Roberto dice:

    Yo soy un exseminarista de Zamora, México. La carta me parece un grito fuerte de esta Iglesia que quiere seguir viviendo, que quiere seguir proclamando un evangelio vivo. Un grito que, desgraciadamente, puede no ser escuchado por los jerarcas de la Iglesia.

    Pero no debemos olvidar que la Iglesia es la gente y si la gente se aleja de la Iglesia es para protestar contra los jerarcas que se creen los dueños y poseedores de la fe.

    Yo amo a la Iglesia, la respeto y quiero por todo lo que me enseñó. Yo creo en una Iglesia sin dogmatismos anacrónicos y una Iglesia que se puede renovar y acabar con la “herejía” del siglo: La indiferencia religiosa. Ésta es la herejía más peligrosa que jamás haya enfrentado la Iglesia. Ante esta herejía no sirven condenas, reflexiones abstractas etc. porque aquí se pelea contra nada, contra el vacio; nadie ataca, a nadie le interesa atacar. Nadie defiende: ¿de quién se defiende?. Lo que se necesita es precisamente eso que menciona H. Boulad: una renovación que vuelva a hacer atractiva a la Iglesia al pueblo de hoy.

  10. Cristóbal dice:

    Caballeros: en primer lugar respeto como el que más la carta del padre Henri Boulad, a la que considero una contribución valiosa, pues mas allá de la discrepancia o apoyo que pueda producir, sin lugar a dudas aborda elementos que llaman a la reflexión; ahora bien, dentro de este tipo de contribuciones y con los mismos elementos, cito el contenido, mucho más profundo, más desarrollado y más esperanzador, del libro del cardenal Martini, también jesuita: “Coloquios nocturnos en Jerusalén”. Les invito a repasar este libro. No lo terminarán alarmados y con ganas de echar la culpa a alguien, sino con la certeza de que estamos caminando y de que hay que regresarse a ver a uno mismo.

  11. KAIROS dice:

    Claro que es muy interesante esta carta, muchos creyentes y no creyentes comprometidos con la vida , deseamos que Jesús sea realmente lo que nos propuso con su paso entre nosostros. ¿Podremos alguna vez dejar de amordazar a este Jesús Vivo con dogmas obsoletos ? ¿ Podremos los seres humanos dejar de pensar tanto en nuestro protagonismo y comenzar a sintonizar con el cosmos? ¿Queremos esa fraternidad o seguimos prefiriendo ser esclavos de nosotros mismos? “Sean como los niños “, espontáneos , honestos, simples y creativos. El libro del cardenal Martini altamente recomendable. Recomiendo también “Jesucristo aproximación histórica ” de Pagola, no por las polémicas entorno al mismo sino por la simpleza y actual lectura del mismo Evangelio. Si algo nos hace cosquillas , será porque aún no nos habíamos dado el permiso de pensar así.
    Desde latinoamérica el más profundo deseo de encontrarnos con propuestas para crecer, sin miedos a ser cuestionados. Bendiciones a Uds.

  12. yo creo que cada una de las personas debemos analizar cada punto ecrito por el Padre Jesuita, la iglesia catòlica siempre estarà por encima de las sectas que hoy en la actualidad existen es cierto que todos van hacia un solo objetivo que es dios pero sin embargo debe existir el fiel compromiso de seguir manteniendonos en la fe catòlica pese a cualquier comentario siempre debemos seguir los pasos que dios nos mostro y nos entregò su vida por cada uno de nosotros, los sacerdotes hoy en la actualidad deben ser mas claros en la forma como llegar hacia los feligreces es decir hacia las personas que aùn nos mantenemos en la fe catolica. Bueno me despido desendoles a cad una de las personas muchas ganas de seguir adelante en nuestra fe y creer en dios como ùnico y verdadesro amor.

  13. me gustarìa recibir algùn comentario para saber si estoy en lo cierto o que debo cambiar gracias

  14. Jo dice:

    Para mí uno de los puntos importantes de este debate es que si bien es importante como dice Nelly ser más claros en el mensaje hacia los que se mantienen en la fe católica, aún lo es más clarificar el mensaje hacia los que no lo son. Teniendo la labor evangelizadora como motor, queriendo anunciar la Buena Noticia a todos los seres humanos, la Iglesia debe salir al mundo, a las calles, debe aprender a hablar los nuevos idiomas del mundo y adaptarse a las condiciones de las nuevas sociedades. Quedarse en el sillón diciendo: “Qué mundo más horrible, las personas han perdido la fe, nosotros sabemos la verdad…” está provocando para mí la mayor crisis de la Iglesia en sus dos milenios de historia. Con sus dogmas inamovibles y su actitud prepotente y orgullosa, la Iglesia se traiciona y deja de ser referente para el mundo, útil para las personas y necesaria para mí.
    Un abrazo en perfecta alegría para todos.

  15. Perecos dice:

    Yo como ateo, voy a poner mi particular punto de vista. Y el primero es considerarnos, como dice Roberto, a los no creyentes como herejes. Somos personas, no pecadores a los que hay que castigar ni evangelizar. Dejar a los que no crean en vuestra religión en paz.
    Otro punto en el que estoy totalmente en desacuerdo es en lo que dice Jo de sacar la iglesia a la calle. La iglesia, así como las religiones, deben permanecer en sus lugares de culto y en las casas particulares de cada uno. Lo mismo que “la Iglesia debe salir al mundo, a las calles”, podemos decir: “los ateos deben salir al mundo, a las calles”, “los musulmanes deben salir al mundo, a las calles”, “los judíos deben salir al mundo, a las calles”, así asta el infinito.
    Por último, lo del motor evangelizador, también estoy en total desacuerdo. Dejad en paz a los que creen en otra religión, o a los que simplemente, no creemos en ninguna. El motor debe ser mantener a lo que tenéis, y ayudar a la justicia de los hombres a que se procesen a los delincuentes y cómplices de las tropelías que está cometiendo el clero. Menos oscurantismo y secreto y tanto los violadores como los que les ocultan, a juicio.

  16. Que importante es mantenese en un diàlogo abierto sobre la iglesia catòlica, si bien es cierto las sectos religiosas o los hermanos separados su fin es Dios pero sucede que dichas sectas lo que hacen es ir de casa en casa predicando la palabra de Dios pero ahì esta la pregunta porque interpretar a la manera de ellos si la biblia es una sola? el factor econòmico tambièn influye en las personas que han dejado la verdadera religiòn que es la ùnica la catòlica porque les ofrecen unas buenas comisiones es por eso que miramos en las calles a hogares esto quiere decir papà mamà hijos ect… no creen que algo debe haber por ahì?,bueno lo que nos falta a los catòlicos es un poquito màs de dedicaciòn hacia la palabra de Dios como es esto salir a dar a conocer la palabra de Dios tal y como es, desprendernos nosotros mismos quiza de las cosas superficiales y ayudar a que las personas conoscan màs a Dios.Que decir de los sacerdotes ser màs pràcticos y consisos en evaangelizar es cierto que el sacerdote en un hombre comùn y corriente pero siempre deberìa existir el respeto de las personas hacia un hombre entregado a Dios.Respètemos como somos y ayudemos a que la iglesia salga a delante como creyendo nosotros mismos y sincerandonos con las personas gracias un abrazo como hermanosmen cristo y como hijos de Marìa Santìsima,
    espero no haber incurridoen alguna cosa que importante serìa conocer una opiniòn màs con respecto a lo mensionado anteriormente en estas pequeñas letras.

  17. Después de leer la carta del padre Bolulad quedé sorprendido: en el punto nº 5, el autor llama la atención sobre la ausencia de la palabra mística en el Catecismo de la Iglesia Católica; dice al respecto: “no lo podía creer”. Y en su “Triple reforma” propone: “Una reforma espiritual para revitalizar la mística”.
    Sin embargo, en todo el escrito no menciona —ni una sola vez— el hecho de que la Iglesia, además de ser una institución humana (formada por hombres), es divina y espiritual, y está sostenida y se regula precisamente por la mística:
    Salvo lo dicho de su “Triple reforma”, solo propone soluciones naturales: en su artículo no habla de esos aspectos místicos que dice no encontrar en la Iglesia: oración, contemplación, intimidad con Dios, vida mística, unión con Dios…, que serían la verdadera solución a la crisis de la Iglesia; ni una sola vez usa estas palabras.
    Tampoco propone la unión a la Cruz de Cristo que es la solución auténtica, como dice san Pablo “completo en mi carne lo que le falta a la Pasión de Cristo para bien de su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24), unión con la que por fin cumpliríamos lo que dijo Cristo a sus seguidores: “el que quiera venir en pos de Mí, que se niegue a sí mismo” (Mt 16, 24; Mc 8, 34; Lc 9, 23) y lo que dijo el primer Papa: “Jesucristo, sufriendo, os dejó un ejemplo, para que sigáis sus huellas” (1Pe 2, 21).
    Finalmente, la palabra santidad (Lv 11, 44; Mt 5, 48; 1P 1, 15-16), que resume lo dicho —y por eso es la clave—, no aparece ni siquiera una vez en su carta.
    En resumen, el autor habla de mística pero no la aplica: pide soluciones humanas a un problema de raíz espiritual; en vez de orar y ofrecer sacrificios por su Madre, la Santa Iglesia Católica, la critica públicamente.
    Ninguna de estas dos cosas hicieron los santos ni los místicos; ellos se dedicaron a poner su grano de arena: ser santos; y con su santidad aportaron algo eficaz a la Iglesia, como lo hizo san Francisco de Asís.
    Franciscos de Asís es lo que necesitamos: humildad evidente.

  18. Jo dice:

    Querido Pablo:
    Creo que si para usted la solución a la crisis de la Iglesis son la oración, la contemplación y la vida mística, usted y yo nos encontramos a años luz de distancia. Respeto profundamente su opinión y su experiencia, pero creo que precisamente que aquí hablamos de la crisis “humana” de la Iglesia. Por eso intentamos aportar soluciones humanas. Usted critica una carta extensa, pensada y muy personal, diciendo que el autor no habla de orar y hacer sacrificios por la Iglesia. Usted tampoco habla de muchas cosas y no es ético criticarle por ello.

    Y la verdad, personalmente no me gustan los comentarios con citas de la Biblia y mucho menos de San Pablo, que pueden ser utilizadas para defender/atacar casi cualquier argumento.


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