Nadie se percata de tus errores más garrafales.
Los que llaman con mayor insistencia ofrecen los trabajos menos interesantes.
Cuando se sumerge un cuerpo en el agua, suena el teléfono.
Se considerará lograda una negociación si todas las partes se sienten extorsionadas al salir.
La letra grande te lo da, y la pequeña te lo quita.
Lo único que nos salva de la burocracia es su ineficiencia.
Cuando traslades una gata preñada, coge a la gata y deja que ella se ocupe de los gatitos.
Las erratas no se ven hasta que pulsas el botón “Enviar”.
Cuando las cosas van bien, irán mal.
No hay fiesta hasta que algo se rompe.


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